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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre comportamientos orientales y occidentales

La desgraciada situación generada en Japón por el descomunal terremoto, el consecuente tsunami y la derivada descompensación de los sistemas de control en varias centrales nucleares, que ha terminado provocando (¿se sabe seguro?) la fusión parcial del núcleo de dos de ellas y el escape (¿posible?) de partículas radioactivas con riesgo de nocividad para la población ha puesto de manifiesto, también, la diferencia entre dos formas de entender la vida.

Hay que sacar también enseñanzas de las actitudes. Un mensaje corto de un espontáneo comunicante desde el desastre, traducía en estos términos lo que estaba pasando: "Los occidentales se están marchando masivamente de Tokio; los japoneses parecen más tranquilos".

En efecto, desde nuestro confuso paradigma (permíta el lector que usemos una palabra que hemos denostado), nos apresuramos a sacar a la calle la parafernalia de la demagogia politiquera y ponemos en primera línea de opinión a los que manejan sentimientos y no conocimientos.

Tenemos que decirlo: Sí que es necesario un debate, pero a escala mundial. El motivo del debate sería lo que desea alcanzar la Humanidad, y el planteamiento a discutir tendría dos opciones:

Si, con todas las consecuencias, y asumiendo controladamente los riesgos, con la agresividad de un conocimiento científico observador, creativo y ordenado, deseamos dilucidar hasta el fin, hasta donde se llegue, qué está pasando, porqué, y cómo se produce. Y, por supuesto, distribuyendo entretanto equitativamente los bienes producidos entre todos, premiando solo la capacidad y el esfuerzo.

O si, por el contrario, preferiríamos decir/creer que vivimos conforme a natura, con buenismo aparente compatible con el engaño a los que menos tienen por los que más controlan, diciendo hoy fá y mañana no-fá, sin importar argumentos, tomando a rechifla al que sabe, si conviene al poder imperante, y, obviamente, trasladando los riesgos a quienes no pueden defenderse, no saben, no se enteran.

Nos parece ejemplar el comportamiento de la población japonesa. Hoy, queremos ser japoneses. Por solidaridad, y por estilo. Y, sobre todo, creemos fundamental lanzar un consejo, para quien quiera tomarlo: los que sepan de verdad, que colaboren, se ofrezcan, rindan; los que no sepan y quieran hacerlo así, que recen; y los que no sepan ni quieran rezar, que se callen, que no aturdan, que no jodan.

2 comentarios

Administrador -

Te agradezco, Rafael, el seguimiento y el comentario en el que expresas tu coincidencia con mis escritos. Me parece fundamental poner orden en el debate, y acallar (o disminuirlas de intensidad, situándolas en su dimensión correcta) las voces de quienes generan alarmismo, al tiempo que sirven a sus propios intereses. Que no son, desde luego, los de esa mayoría a la que dicen representar.

Rafaé -

Una vez más, tus escritos los suscribo desde la alfa a la omega. El último párrafo es lapidario.
Frente a tantos voceras, oportunistas y golfantes de estas latitudes, es impresionante ver la actitud del pueblo japonés, tras ser masacrado por una naturaleza hostil.
Si tuviera tiempo escribiría largo y tendido sobre tan seri planteamiento...