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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Hacia la igualdad de la mujer árabe

El extraordinario momento que se está viviendo en Egipto y Túnez en el que la presión popular, con improvisación pero firmeza, está forzando el cambio -esperemos que pacífico- desde sendos regímenes totalitarios incrustados en sus estructuras políticas, que parecían destinados a reproducirse, a una mayor democracia, no puede hacernos olvidar la gran asignatura pendiente de los países árabes: liberación de la mujer.

Liberar a la mujer (no tanto del dominio del varón, como de la sociedad machista en su conjunto) es la concreta expresión de la democracia. Ningún país puede pretender defender los valores de la equidad, el respeto mutuo, la preocupación por el desarrollo conjunto, ..., si se margina a las mujeres sistemáticamente.

Las raíces de este desprecio, tan rentable para un colectivo que así elimina de un golpe a la mitad de la competencia, no se encuentran en ningún libro -ni sagrado ni profano-, ni en la experiencia, ni en el sentido de oportunidad, sino en la esencia misma de la miseria de todo aspirante a dominante, que pretende que por ser mejor en algo marginal ha de ser reconocido como más idóneo también en lo sustancial.

Los varones no son más inteligentes ni más perspicaces que las hembras, ni siquiera más resistentes al dolor o al sacrificio, pero sí, considerados uno a uno respecto a sus posibles émulas, poseen mayor fuerza bruta. Y han venido ejerciendo esa capacidad, sobre todo, donde tiene un ámbito de expresión más sencillo: el familiar, con sus parejas, con sus mujeres.

Leemos con emoción que la mujer árabe está presente en las manifestaciones por la democracia de Túnez y Egipto, ocupando, con mayor frecuencia cada vez, un lugar en las calles y en los foros. En Túnez, en particular, nos había ya sorprendido agradablemente, siempre que tuvimos ocasión de visitar aquel país, la presencia importante de la mujer en las aulas universitarias.

Esas mujeres que están manifestándose ahora están poniendo un énfasis especial en la necesidad y la urgencia de que los países árabes abran la puerta hacia la completa democracia: no tiene que ver con velos ni con creencias. Es la eliminación de una injusticia colectiva que, tampoco hay que engañarse, aún tiene sus restos de raíces en el mundo occidental, dispuestos para volver a crecer y asentarse, cómodos entre desprecios, falsedades, egoismos, dogmas, miserias del alma humana.

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