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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre las energías que se pierden en España

Que en España se pierde mucha energía, es cosa sabida. Que se pierda en los despachos, en discusiones baldías, en presentaciones cuidadosamente preparadas que se pierden con pocas asistencias, en monólogos sin gracia, en dineros para realizar informes que nadie lee, etc., también.

El 8 de julio de 2010 se presentó en el Ciemat, por la Fundación para estudios sobre la energía, un libro sobre "Energías renovables para la generación de electricidad en España".

El salón de la sacrosanta institución estaba casi lleno y, lo que es más saludable, nutrido con representantes de diferentes sectores energéticos, que hicieron reflexiones, en general muy atinadas, sobre el tema -sin haber leído el libro-, y que dieron lugar a brillantes precisiones, réplicas y comentarios de José María Martínez-Val, quien, como coordinador principal, había presentado el trabajo.

El libro, en sí, no añade mucho nuevo al panorama. Se han escrito en estos últimos años bastantes libros, folletos y libritos sobre el tema, y cada tres por cuarto algún sabio -despechado, por lo general- da una conferencia magistral sobre el tema. Por eso, todos sabemos o creemos saber mucho sobre el tema, y es difícil que se nos sorprenda con algún gráfico nuevo, o alguna reflexión que no hayamos oído o leído.

La lectura del libro levanta una incómoda sensación de improvisación en algunos párrafos del texto, y en concretos capítulos, en lo relativo a su expresión gramatical que no, desde luego, en su contenido.

Es como si hubiera habido prisa por la publicación, sin esperar a las indicaciones del corrector de texto. Que algunos -demasiados- de los gráficos estén ampliados a una escala que no mejora por ello su visualización tampoco ayuda a dar la sensación de que estamos leyendo algo novedoso, sino, más bien, un refrito.

El resumen ejecutivo es espléndido y debería figurar como libro de cabecera de cualquier político que quiera entender las bases actuales y de desarrollo futuro de esas tecnologías, y gozar de una guía básica para no equivocarse (mucho).

Pero el titular periodístico lo dió, sin duda, Martínez-Val, al denunciar (sin intención de hacerlo, pero estaba presidiendo el acto el secretario de Estado) que un país que confunde watios y voltios -refiriéndose al paquete común que se hizo, desde el punto de vista legislativo, para subvencionar tanto los huertos solares (basados en las placas que producen energía solar fotovoltaica, tecnología ya madura) como las instalaciones de solares térmicas (de concentración, y con tecnología aún experimental)-, va forzosamente mal orientado.

Aunque, como el libro merece un análisis más detallado, dedicaremos otros Comentarios a presentar algunos de sus aspectos más destacados.

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