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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre algunos tipos de tonticie

En un Comentario anterior nos referíamos a la búsqueda y extroversión del posible idiota que todos llevamos dentro, utilizando como guía la película de Von Trier. Aunque se debe reconocer que es mucho más común investigar al idiota que, por lo general a raudales, podemos descubrir fuera de nosotros.

El descubrimiento de la existencia y catalogación de tales idiotas no tiene la menor pretensión clínica. Al contrario, se realiza al margen de cualquier sistemática siquiátrica, porque, además, los idiotas a los que nos referimos nunca serían detectados utilizando test para evaluación de inteligencia.

No. El evaluador único y exclusivo de estos idiotas es el que emite el juicio de valor. Más precisamente, en la lengua española, los idiotas de este comentario son, propiamente hablando, tontos. Por eso, frente a la pobreza léxica del alemán (por ejemplo) en que para insultar brutalmente a alguien hay que decir "Idiot!" y seguramente se acabarán enzarzando en una disputa a bofetadas, en nuestra lengua, puedes llamar a alguien "idiota" o "imbécil" y se quedará tan pancho.

Hay que poner más énfasis. Porque el objetivo de llamar a alguien idiota, o bobo, o imbécil, es emitir un juicio de desprecio, reflejar la supremacía del que lanza el insulto frente al que se las da de intelectual o de listillo, con un epíteto descalificador, pero que no se desea dirigirlo hacia el otro, sino a los que rodean a uno mismo, para que sepan a qué atenerse y para que nos comprendan mejor.

Las diferencias son sutiles y, muy posiblemente, conservando la misma fonética, los significados varían de una zona a otra. Entre los tontos de baba y los del culo hay una gradación, pero no es evidente descubrirla. ¿Dónde situar, de forma precisa, el tonto del haba (leáse "tonto l´haba")?

¿Los bobos de solemnidad, categoría aparentemente máxima, son realmente menos de fiar que el bobo o tonto esférico? ¿El tonto del pijo es,con seguridad, más tonto que el bobalicón, pero seguramente allá se andará con los tontos de capirote y los bobos de mierda?

La cultura popular ha consagrado el "tonto de remate", como aquel que las hace realmente sonadas, incluso perjudicándose a sí mismo. Un tonto de remate no sabe de la misa la media.

En la dirección completamente contraria, en Asturias  y otras regiones donde se propende al uso de diminutivos, se utiliza de forma cariñosa el "tontín"/"tontina", que tan brillantemente convirtió en acervo común el actor gijonés Arturo Fernández, y con el que se evidencia cariño, incluso de primer nivel, hacia otra persona. "Anda, tontina, acércate un poco más, que no voy facéte nada", es una manera de generar confianza, trabajando el terreno.

En el montón están los tontorrones, los babayos y los que están pallá. Aunque analizar estos aspectos ya nos llevaría a otro Comentario, porque este se ha hecho demasiado largo.

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