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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre los abogados

Queremos dedicar este Comentario a los abogados. Pero no a todos los abogados, sino únicamente a aquellos que ejercen ese noble oficio de una forma individual, ganándose la vida defendiendo los intereses de su cliente, enfrentados, muy habitualmente a Goliaths del más variado pelaje.

La proliferación de bufetes de abogados ha despersonalizado, en gran medida, el ejercicio de la abogacía, convirtiendo al profesional letrado en asalariado de una máquina de pleitear. Como las cuentas de resultados son importantes para el sostenimiento del invento, la búsqueda de grandes clientes es objetivo fundamental de la actividad comercial de estos adalides del derecho.

Muchas veces se encuentran ante el juez dos o más partes en las que resulta evidente el desequilibrio. No tanto por la falta de preparación del letrado de una de ellas (que puede que también, especialmente en esa fórmula voluntariosa pero difícil de encajar en la terminología de "igualdad de armas").

Son desiguales porque a un lado se sienta una representación procesal poderosa, económicamente solvente, dispuesta a defender hasta el final de un proceloso camino jurídico -salpicado de providencias, alegaciones, plazos, posibilidades de recurso, apelación, protesto-, argumentado, a veces desde la torticería que permite el derecho, a una parte que puede ser una gran empresa que no quiere pagar los servicios que se le han prestado, un prepotente ayuntamiento contraventor de sus propias normas o un rico terrateniente que ha denunciado a un furtivo local que ha matado dos tórtolas en su coto de caza. Etc.

En la otra puede hallarse un particular que defiende que no se le lesione con ruidos o atmósferas contaminantes, una comunidad de propietarios que pretende que no se le apabulle con licencias que corrigen alineaciones, vistas o servidumbres, un infeliz que recogió una botella de vino en un supermercado, una ofendida que ha visto su foto publicada en un semanario al salir de un restaurante o de un hotel con un famoso. Etc.

Un aplauso para los abogados en solitario. Para aquellos que necesitan que el cliente les pague para subsistir. Que han preparado el juicio quemándose las cejas, mirando en soledad sentencias y sentencias, cabilando lo que conviene al derecho de su representado, y esperan, como el más confiado de los mortales, encontrarse enfrente a un juez/una jueza que se tome tiempo en leerse los papeles, entender del caso, juzgar sin dejarse guiar por los oropeles de los lustrosos letrados de los rimbombantes bufetes que han medrado, Dios lo remedie, a base de hacer el caldo gordo a los poderosos.

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