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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el asesinato como forma de llamar la atención sobre el programa político

Supongamos que Vd. vive aislado del resto del mundo, porque no quiere tener contacto nada más que con las personas de su pequeño grupo.

Ud. conoce algunas palabras de una lengua primitiva que solo articulan unos pocos y que, en realidad, sirve para expresar limitadamente los aspectos técnicos e incluso la diversidad de sentimientos, pero está firmemente convencido de que todos los niños de su pueblo deberían saber ese idioma de base ancestral, porque es un signo diferenciador de su idiosincrasia. Por ello, aplaudirá que en las escuelas se enseñe fundamentalmente ese galimatías, con el argumento de que si los demás tienen interés en entenderse con uno, ya aprenderán nuestra lengua. Pero ese es un detalle, en realidad, sin mayor importancia. Qué importa cómo decir las cosas si no se tiene todavía nada que decir.

Supongamos que Vd. tiene la sensación de que los demás -los que están al otro lado de las montañas y aquellos que sigan sus instrucciones, sean las que sean, y aunque no le conste que sigan instrucción alguna--, le oprimen. Sus enseñanzas, cualesquiera que sea su contenido, han limitado desde la cuna su capacidad de expresión, coartan su libertad. ¿Libertad, para qué?. Bueno, no se ha planteado aún demasiadas preguntas, las respuestas no son ahora lo importante.

Lo importante es que cualquier cosa que hagan, digan o  imaginen esos "otros", cuya alteridad reside exclusivamente en que no pertenecen a su minúsculo grupo, le servirá como razón para manifestar su inmenso descontento. Su angustia vital, porque no le dejan cultivarse en soledad. Lo que Vd. querría para su pueblo es el aislamiento total, ahondar en sus raíces profundas -tan perfectas-, y por eso reclama para la independencia absoluta de su territorio. Cualquier decisión que provenga de más allá de su grupúsculo, Vd. la rechaza como indeseable, imperialista, centralista, como una expresión mezquina de la opresión que quieren ejercer sobre Vd., sobre su ansia de libertad, que le gustaría imponer a los otros, porque Vd. es la perfección y los demás, el ocaso.

Supongamos que Vd. ha sido captado desde niño por unos individuos que le prometen vivir con holgura, a cambio de un pequeño papel circunstancial, en la defensa de esos ideales de libertad. Le pedirán tal vez, pero no es seguro que lo hagan, que mate a alguien. No deberá conocer nada sustancial de esa víctima, si llega el caso. No le importará que tenga familia, que sea un trabajador, que no le haya hecho nada. Deberá matarlo porque se lo han ordenado así para llamar la atención sobre el programa político.

Porque Vd. quiere que su pueblo tenga autonomía. No importará conocer que su pueblo, en verdad, no le está pidiendo nada, que abomina de Vd. y de su talante, que quiere que desaparezca de su vista, que se sumerja en sus cavernas. No se ha preocupado Vd., en realidad, de conocer el programa político que le han dicho que quiere defender. Vendrá después, las ideas no son ahora necesarias.

Vd. está en guerra. Mientras saborea un refresco de limón bien cargado de ginebra cara, y lee las páginas que le han dado con las instrucciones, piensa en que, después de haber matado a su víctima, volverá a vivir cómodamente, emboscándose entre las demás personas, haciendo creer que su actividad es normal, que Vd. es una persona normal.

No será difícil su misión. Matará por la espalda, y la sonrisa que aflorará a su rostro cuando huya a su apariencia normal, no disimulará su inmenso vacío. Pero creerá que está cumpliendo un destino sublime, porque se lo han dicho gentes que no conoce, y que le han prometido que alguna vez confeccionarán un programa político magnífico en el que podrá vivir en libertad, y ya no necesitará matar a nadie para vivir como un potentado. Tendrán, eso sí, que indultarle de los minúsculos delitos con los que se ha manchado de sangre las manos. Por eso, habrá que negociar una amnistía para que la normalidad vuelva a su entorno.

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