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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre estrategias económicas y el sexo del feto

Habrá que empezar por explicar la segunda parte del título: la referencia a los ginecólogos que, para no equivocarse en la predicción, anuncian a los futuros padres un sexo -que no género- para el hijo que van de tener, y escriben en la ficha del consultorio la opción alternativa.

Así, si, producido el nacimiento, resultó varón lo que se predijo hembra, podrán echar mano de la tarjeta y explicar a los reclamantes que oyeron mal, porque en ella quedó escrito lo que convenía.

En las predicciones económicas y, además, con la seria justificación de que adivinar el futuro en este campo es mucho más difícil, nos hemos acostumbrado a leer opiniones contradictorias de los especialistas, y a hacerles el mismo caso de quien oye llover.

Con esto de la crisis global, se han desarrollado dos teorías que no pegan ni con la cola de la mejor voluntad.

Los asesores del presidente de Estados Unidos le han convencido de que para salir del atolladero económico, lo mejor es promover el gasto, animar el consumo, especialmente, el privado y reducir impuestos.

Los pepitogrillo de los países que cuentan algo en la Unión Europea han apostado por reducir la inversión pública, recortar presupuestos y aumentar la presión fiscal.

Visto a vuelo de pájaro, la interpretación más elemental de cada criterio, nos llevaría a detectar que los norteamericanos confían en la iniciativa privada y en que, si hay demanda, el mercado reajustará la estructura de la producción, tapando las grietas. No en vano son la economía más potente del mundo y se ven capacitados para actuar como corresponde al señor feudal de este castillo.

Por su lado, los europeos de Alemania y Francia, lastrados por el peso de Estados más burocratizados, y en los que lo público tiene mayor entidad para sus en las economías, actúan de forma parecida a como lo haría un ama de casa sensata: dejando de ir a restaurantes y al cine, comprando ahora solo lo imprescindible, remendando los trajes de los niños, mandando a arreglar los zapatos viejos y, para traer algo más al coleto familiar, dar clases al niño de los vecinos o hacer horas extras planchando para otros o limpiando la escalera de la comunidad.

Esto, para los casos más claros en los que el sexo de la criatura se distingue muy bien en las ecografías. Para los Estados intermedios, como España, los gurús económicos nos tememos que hayan aconsejado una cosa y apuntado otra distinta en sus libretas.

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