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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el modelo de estrategia de Vicente del Bosque y Toni Grande

El triunfo de la selección española de fútbol en el mundial de Sudáfrica de 2010, ha puesto nuevamente sobre el tapete, aunque esta vez magnificado por los focos del gran triunfo, el método de trabajo de de sus dos entrenadores, Vicente del Bosque (primer entrenador) y Antonio (Toni) Grande.

Se presenta a esta pareja de personas reservadas, sobrias, cordiales, como una combinación de estrategas, en la que uno asume el papel de la representación exterior y el otro trabaja, incluso por las noches, estudiando minuciosamente las cualidades y defectos del equipo contrario y la forma de aprovecharlos o vencerlas.

Como ha sucedido con otras parejas de personajes que se han vuelto famosos, la opinión popular tiende ahora a recuperar al segundo, al que ha permanecido más oculto, rebajando así los méritos del que conocemos mejor la cara. Es el eterno juego de la búsqueda intuitiva del equilibrio entre el yin y el yan, hurgando en todo éxito la virtud de la compensación, para lo que se hace imprescindible repartir las cualidades entre dos o más personas.

(Por cierto, que en la política se utiliza mucho el esquema, es casi consustancial a ese espacio de poderes. Felipe González era el lado amable de aquel ejecutivo que puso a España en Europa y Alfonso Guerra el avieso que controlaba los desmanes de los ambiciosos del partido y las finanzas, incluso torcidas, de la máquina de ganar de votos.

No siempre las parejas de compensación salen bien. Hubo un tiempo en que la pasión por los jóvenes rompió las redes de la sucesión política, con efectos, generalmente, cruentos y nec fastos: a Santiago Carrillo le surgieron de las simas profundas de las minas asturianas guajes que no eran David Villa, sino Gerardo Iglesias; Manuel Fraga apoyó, por convicción o por fuerza, a un Jorge Verstringe, antes de que una visión sobrenatural le tirara (a éste) del caballo...

En el mundo empresarial, en donde los experimentos se hacen solo con gaseosa, las parejas ideales suelen ser del mismo palo, tal astilla. Así se mantienen las sagas y los bienes a buen recaudo. Se pueden citar a los Del Pino, Abengoa, Botín, Koplowitz; pero, si se mira mejor, aparecen debajo o al lado de los troncos familiares, los fieles sirvientes: son los Rafael Montes (de FCC), José Terceiro y Javier Molina (Abengoa), Rodríguez Inciarte (BSCH), Joaquín Ayuso (Ferrovial); etc.)

La pareja Del Bosque-Grande es, hoy, modelo de éxito popular. Se habla como posibles factores del éxito de la selección, la combinación de una generación excepcional de futbolistas junto a unos preparadores que han sabido darles confianza. Por ello, referido a los entrenadores, se llenan páginas hablando de su capacidad para crear buen ambiente entre los jugadores, de su habilidad para conseguir captar lo mejor de cada uno y convencer a los que no son titulares de que su trabajo es tan importante como el de los que estarán en el campo, y hacer jugar a cada uno al menos un ratito para que nadie se sienta postergado...

Se escribirán libros sobre estrategia del Bosque-Granda, se propondrán ejemplos surgidos o inventados de esa combinación de experimentados ex-jugadores a los que la edad ha sacado de los terrenos de juego para confinarlos al banquillo de las tácticas donde combinan números inferiores a los dedos de una mano: 4-4-2 y 4-5-1 , etc.

Nada empaña al mérito la realidad física de ambos entrenadores, hoy algo fondones y más calvos (más uno que otro), al contrario. Cabe imaginarlos dando órdenes de ejercicios y retos que no podrían cumplir, por el deterioro de la edad, pero atinadas como balas de experto francotirador, idóneas para hundir los objetivos y flotillas del otro, especialmente si va de listillo y se confía, aunque utilice la técnica trapacera de la patada en el esternón, el golpe en la rodilla, la zancadilla más torpe y aunque cuente con el árbitro más cegarato que se vió en campo de fútbol alguno .

Lo que parece más difícil de copiar, sin embargo, es conseguir que varios millones de personas, sin haber tocado pelota, se movilicen para aplaudir, adorar, gritar y llorar embelasados, durante horas, pronunciado los nombres de cada uno de los jugadores del equipo español, de sus dos entrenadores y del resto del equipo médico, culinario y técnico, y de la madre que los parió y los pechos que los amamantaron, en una manifestación sin precedentes de euforia colectiva.

Si Del Bosque o Grande tienen la fórmula, por favor, que se la cuenten de inmediato a Zapatero, a Rajoy o a quien más les apetezca, para que encontremos a quien nos saque del agujero, ya.

 

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