Blogia
Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre bodrios, infumables y tostones

Vivimos rodeados de bodrios. La producción mundial de bodrios aumenta, según los síntomas, exponencialmente. La mayor parte de los objetos que se presentan como artísticos, de las películas cinematográficas, de las obras teatrales, de los bestseller que abarrotan las estanterías de librerías y centros comerciales, son infumables, muestras del horror, faltas de imaginación, tostones. Bodrios.

¿Será por culpa nuestra? ¿Habremos perdido unos pocos el sentido de lo artístico, la conexión, siempre sutil, que nos conduce a valorar la belleza, en coincidencia con la mayoría?

Puede ser. Ojalá, por ello, nunca nos veamos en la ocasión de contrastar nuestra estética con la de alguien más poderoso. Una situación incómoda de ese estilo se produce cuando nuestro jefe, convertido en anfitrión porque quiere proponernos algo o sacarnos información sobre un compañero, nos acerca a uno de los cuadros del salón y nos pregunta qué nos parece.

¿Aquél adefesio, ese esperpento? . El cuadro es horrible. Un bodrio. Copia de un obra de un pintor muy conocido, realizada con una paleta limitada y unas desproporciones aparentes. Un paisaje tomado de una fotografía al que le falta toda gradación de color y sentido de la perspectiva y la distancia. Una de esas escenas de caza de ciervos o zorros que se estilan todavía en las salas de estar de las familias de clase media impudiente.

No queda más remedio que mentir. "Me gusta, me gusta mucho. Es muy original", balbucearemos. El peligro ahora es solamente que el patrón nos confiese: "Es de mi mujer. Se ha aficionado a pintar y resulta que vende algunos. Tiene de este mismo estilo varios. ¿Quieres uno?"

Lo más probable es que, si tal sucede, saldremos de la cena con un bodrio bajo el brazo y habremos aumentado, a costa del bolsillo, la autoestima de un/una artista imrpesentable.

(P.D. Para explicar la diferencia entre lo que experimenta una persona sensible ante una obra de arte y los, generalmente autoproclamados "críticos de arte", Luis Cardoza y Aragón escribió: "Hablo del poeta: no me refiero a esos tristes profetas normativos desmentidos siempre, especialistas de lo obvio y disecadores imaginarios del pasmo y de la gracia, zafios codificadores de academicismos, desahuciados censores que lanzan centellas de trapo, rutinarios necrófilos que ven decadencia o catástrofe ante las nuevas situaciones, viscosos cuerpos opacos entre la creación y el contemplador". En Arte y crítica, publicado en los 90)

0 comentarios