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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el poder y su capacidad de reproducción

Se han hecho muchos análisis del poder, de quienes ejercen el poder, y sus comportamientos, pero nunca aprenderemos bastante.

Ante todo, debe aceptarse como principio extraído de la práctica, que la principal obsesión de todo poder es prolongarse, reproducirse, continuar indefinidamente en su ejercicio. Los argumentos para defender esa postura esencialmente injusta, atrabiliaria, perjudicial para la mayoría y contraria a la democracia, suelen ser los siguientes:

-En la política: "No he tenido suficiente tiempo parra llevar a cabo mi programa" "Solamente estaré un mandato más y luego lo dejo" "Los que se oponen a mi mandato son antidemocrátas" "Mi presencia en el poder es una garantía del orden y de la democracia".

-En la empresa: "Soy el dueño del negocio y lo he visto nacer, así que nadie lo conoce como yo" "No hay recambio, estoy rodeado de incompetentes" "Me pregunto qué pasará el día en que yo me muera" "Me ha costado llegar hasta aquí y aquí estaré hasta que me echen".

A favor del poder se cita, sin embargo, que la naturaleza humana es desordenada, y hace falta alguien que ordene, que dirija. Algunos trabajos realizados por prestigiosos investigadores que no han querido dar su nombre han demostrado que, en realidad, no es necesario que el que esté ejerciendo el poder dé ninguna instrucción, ni haga nada. Basta con que esté allí, con que se crea que está allí, como los dummies que se utilizan para ocupar un asiento al lado del conductor que permita entrar en los bus-bao cuando se va solo.

Y observando el funcionamiento de algunas instituciones y empresas se puede entender que es incluso mejor así, que lo más beneficioso para todos es que los que estén en el poder, si han llegado allí con la intención de perpetuarse, es que no hagan nada.

Porque los únicos que merecerían estar en el poder deberían mantener la humildad suficiente para comprender que el ejercicio del poder es una carga que la sociedad impone a los más capaces, a los más inteligentes, a los más hábiles, y que la servidumbre mayor de ese pedestal es que, cada poco tiempo -desde luego, seguro que cada cuatro años- se están generando varios miles de competidores que los habrán superado en cualesquiera de esas características.

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