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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la renovación juvenil de los partidos políticos

El 60% de la población española tiene menos de 44 años (datos del INE de 2006), con una moda significativa entre los 18 y los 40 años. La edad media es de 40 años, aunque tiene dos elementos de tensión: la mayor longevidad y la juventud de ese 9,3% de extranjeros, cuya media no supera los 33.

Se sabe bien lo que quieren los mayores (tiempo libre, pensiones seguras, lugares donde reunirse a discutir sobre lo mal que va ahora el mundo) y los extranjeros (permiso de residencia, empleo estable, viviendas baratas, integración familiar, lugares donde reunirse a discutir sobre lo bien que estarían en sus países de origen).

Lo que quieren los jóvenes es mucho más complejo, pero se concreta, ante todo, en la convicción de que lo que ellos hacen, está mejor hecho: mejores conocimientos de las nuevas tecnologías, más dinamismo, falta de vínculos con el pasado, libertad de criterios emocionales e ideológicos, ...

Otro hecho sociológico fundamental es el impulso exponencial de la población femenina, que, aunque esté equilibrado con el número de varones, ha salido del armario con el machete. Ya no están reclamando únicamente un trabajo o un puesto justo en la sociedad, sino que -horror- lo están consiguiendo a marchas forzadas. Tanto por méritos propios, como por cuotas de paridad.

Es lógico que los líderes de los partidos políticos quieran acercarse con cariño a los votantes juveniles con equipos de su edad, capaces de sintonizar con ellos, y es también razonable que elijan, con los correspondientes toques de bombo y platillo, a mujeres. que haya aunque suponga extraer desde el anonimato a esos portaestandartes de la modernidad. El público aplaudirá la decisión con sus votos, sabrá disculpar la bisoñez con indulgencia, si hiciera falta.

El presidente Rodríguez Zapatero ha lanzado guiños evidentes a esos sectores mayoritarios y/o emergentes al formar su equipo actual. La foto de familia tiene elementos que hubieran sido juzgados como atípicos, inadecuados o insol(v)entes hace tan solo un par de legislaturas. Vaya ejemplos: Una ministra de 31 años, otra, en avanzado estado de gestación, para Defensa; una joven empresaria bióloga para Investigación y Universidades... En otros tiempos se hubiera vaticinado la debacle, hoy se recogen aplausos por la valiente decisión.

No cuesta mucho entender la satisfacción apriorística del muñidor de las designaciones al imaginar el impacto de estos nombramientos en la población civil, aptos para cosechar aplausos de la mayoría en los foros fieles y envidias en los foros contrarios.

El lider del partido principal en la oposición, Rajoy, está actuando bajo parecido impulso, y ha desplazado a las figuras clásicas, quienes fueron sus apoyos principales, para renovar el equipo, incorporando a jóvenes y, por lo que se ve, preferiblemente, a mujeres. Soraya Saez de Santa María es el emblema significante de esa transformación.

Manuel Pizarro, como contrapunto, se ha convertido en el símbolo de la derrota de lo inútil que es andar presumiendo de experimentado. Han bastado un par de ocasiones para que el antes exitoso empresario sea visto como caduco, inadecuado para la renovación, inexperto, cómico. Zaplana y Acebes se han dado sabiamente cuenta y, antes de que les señalen con el dedo indicándoles la puerta, han tomado el camino protector de la empresa privada, allí donde Rato, seguramente, les aconsejó que acudieran cuando soplaran aires de toma castaña.

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