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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el homo pedisequus

Con el comienzo de la campaña electoral, se produce la movilización de quienes ocupan cargos políticos y de cuantos conforman el aparato de los Partidos, a la búsqueda del homo (o mulier) pedisequus.

Esta otra subespecie imaginaria de la naturaleza humana, diferente del homo politicus pero indisociable de él, no adquiere carta de naturaleza, en realidad, más que con ocasión de los períodos de elecciones.

En ellos se encarga, el pedisequus, con su presencia entusiasta, vociferante y entregada, de dar color a mítines, algaradas de Partido, caldeiradas, bocadilladas, paelladas o fabadas.

Aplaudirá con devociones sin tapujos, oreará con ardor infantil banderitas, lucirá gorras, coreará eslóganes y hasta besará, como si fueran santos, manos, rostros y pies de quienes ocupen púlpitos y estrados.

Es un misterio, que tal vez correspondería dilucidar a sociólogos y  a quienes analizan los entresijos de la sociedad civil, desentrañar las razones que guían al pedisequus. ¿La expectativa de una prebenda, un puesto en el duerno en donde comen quienes, por oficio principal, tienen repartir y controlar el erario público?

No parece que sea así, pues, salvo en las primeras filas de asientos, y a salvo de los jóvenes militantes que, dispersos por el espacio en donde se celebra el encuentro, mantienen en orden sus propias aspiraciones, solo se ven anónimos ciudadanos, más aptos para disfrutar de viajes del Inserso, más amigos de la partida de pinacle o del chuletón a la brasa que de pasar frío a la intemperie ideológica.

¿Será la nostalgia de una creencia juvenil que hoy quieren ver plasmada, a pesar de los afeites y la decoloración, en esos programas desvaídos, posiblemente tan faltos de directriz como de ideas, con los que los jefes de las tribus de politicus quieren encantar los oídos, como flautistas de Hamelin de una travesera con solo un agujero?...

Quién sabe lo que pasea por la mente de los pedisequus. Lo que es más fácil es adivinar lo que pretende el politicus, su especie dominante.

Utilizar la fácil movilización del pedisequus para convencer a esa otra masa más reacia, que conforma la mayoría de la sociedad civil, el homo adumbratus, de que hay que votar porque toca, por responsabilidad ciudadana, por garantizar que las cosas no empeoren, porque los otros no repitan o no vuelvan.

Aunque, a la postre, la razón principal seguirá siendo, para estos adumbratus (desanimados, indolentes, ahítos, cansos, vagos) qué se puede hacer mejor con una hora de un domingo de final de primavera que acercarse a que te vean los del barrio cómo introduces en la urna una papeleta con lo primero que se te pasa por la cabeza.

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1 comentario

PILAR NÚÑEZ -

Ese homo pedisequus, indisociable al homo politicus, no se diferencia en gran medida de aquella especie cuyo cometido
no es otro que el de aplaudir cualquier absurdo que se les ocurra a las/los presentadoras/presentadores y colaboradores de diferentes programas de distintos canales de televisión.
¿Qué obtienen con ello? ¿pasar el rato?,
¿conocer de, cerca a personajes "famosos"? ¿pensar que de esta forma adquieren cultura?, ¿o tal vez acumular nuevas y excitantes experiencias
La diferencia mayor estriba en que
tienen protagonismo siempre y no sólo con ocasión de los períodos electorales y todo por un mísero bocadillo en el mejor de los casos.
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