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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el debate entre Rajoy y Zapatero y la democracia española

La democracia española tiene los pies bailones con zapatos italianos, anchas las caderas soportando un talle corto producto de un árbol genealógico en el que se confunden pedigrí y gentes de la calle y, en fin, la cabeza amueblada con una mezcla insólita de productos franceses y alemanes.

Pero si algo caracteriza especialmente este producto de tiempos convulsos de los que (casi) todos los españoles están felizmente orgullosos, es el corazón. Allí se concentran las esencias propias, el tradicional arrojo, -conectado directamente a ovarios y testículos-, los sentimientos que nos hacen, dependiendo del momento en que nos pillen, llorar y reir. El corazón nos hace también ser tímidos para reivindicar lo nuestro y obstinados para defender con uñas y dientes aquello que, a otros, les importaría un ardite.

Rajoy y Zapatero son producto genuino de la democracia española. Parecen buenas personas, serias, honestas. Uno de los dos será el próximo presidente de Gobierno. No dan el perfil de los que despartan pasiones, pero ni mucho menos de los que producen rechazo a primera vista.

Zapatero y Rajoy han tenido periplos políticos parecidos. Antes de que el primero llegara -seguramente, de rebote- a presidente de Gobierno, han hecho dientes en posiciones intermedias, y conocido desde dentro, en el entorno de jefes más indiscutibles y más pesados, el aparato del partido. Ambos son licenciados en derecho, están acostumbrados a hablar sin tener mucho que decir y a poner mucho énfasis en las ideas, improvisando lo justo, conscientes del valor de las palabras.

Alsocaire está a favor del debate, obviamente, de este, y de todos los debates. Ve, sin embargo, un riesgo en que, por la gran influencia del medio, ese único debate cara a cara sirva para sacar conclusiones a muchos españoles indecisos. Porque, independientemente de quién gane el debate, lo que se está jugando en el envite es un trozo del futuro del país, no quién es más brillante, más ocurrente, más simpático en ese par de horas.

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