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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el asesinato como forma de eliminar alternativas de poder

El asesinato de Benazir Bhutto, segura ganadora, según las encuestas más fiables y la misma sensación popular de lograr una alternativa democrática en Pakistán, al corrupto y acabado régimen dictatorial del general Musharraf, ha dejado al país al borde de una guerra civil. Ni siquiera se debería emplear el eufemismo de "alborde", cuando una ola de asesinatos y atentados se extiende por la antigua colonia británica, expresando el malestar y la impotencia de una población que vive sumida en la pobreza, la corrupción y la falta de futuro fiable.

Los intentos de injerencia occidental en la política del sudeste asiático har un venido cosechando sistemáticos fracasos. En los informes de los organismos multilaterales sobre la situación de corrupción en Pakistán, Bangla Desh, la India,...no se deja lugar a dudas: las inversiones de las empresas multinacionales han de pagar un fuerte peaje, que es administrado en provecho propio por las clases dirigentes. Los líderes ocasionales, surgidos de poderosas familias y castas, que consiguen con su verbo enardecido calentar las ilusiones de los más oprimidos, son fácilmente víctimas de atentados: las familias Bhutto, Gandi son el exponente de un caos administrativo y político que no garantiza ni el recambio ni la estabilidad.

La forma más barata de vencer al enemigo, cuando se manejan intenciones económicas cuantiosas es encargar su asesinato. Benazir Bhutto sabía que se exponía a ser víctima de un atentado mortal; sufrió varios intentos, y acabó sucumbiendo al fanatismo teledirigido de un testaferro.

Dos son las reflexiones que pueden hacerse: el avance hacia la democracia debe venir desde dentro, desde la construcción de un aparato institucional que garantice el acceso democrático al poder; el apoyo de los países occidentales, dirigidos por obsesiones capitalistas cortoplacistas, al partido o la persona que se haya podido hacer con el poder (por supuesto, mediante un golpe de estado), no permitirá revestir de legitimidad lo que se consiguió de forma espuria.

El discurso de Benazir Bhutto en estas elecciones era un discurso inteligente, social y conciliador. Algo nos recuerda de ese planteamiento a una persona inteligente pero igualmente visionaria, que sucumbió víctima de los enemigos invisibles: Salvador Allende. El camino de Chile hacia la democracia desde aquel execrable crimen fue tortuoso, difícil, irrepetible.

Pero el motor del cambio no vino desde fuera, sino que fue provocado por la aparición imparable de un sentimiento contagioso, mayoritario, imparable, de repulsa, de ansia de libertad. Conocemos poco de lo que se mueve internamente en un país más lejano, colectivamente menos culto, como lo fue Chile. Aunque nuestra sensación es muy segura. El enemigo de la estabilidad de Pakistán no es Al-Qaeda. Es la pobreza, la incultura y, no en última instancia, la reiteración de los Estados Unidos y la miopía de la Unión Europea por validar la criminalización del acceso a la democracia.

 

 

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