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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre los efectos de la tecnología backcasting sobre el calentamiento global de los cerebros

El 1 de marzo de 2011, en la sede de la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Madrid, se presentó en sociedad el Informe realizado por varios eminentes ambientalistas, (involucrados activamente -y en algunos casos, también de forma económica-, en el mensaje), por el que se desarrolla una pauta de cambio drástico para la generación y consumo de energía de la sociedad española.

El trabajo se llama Cambio Global España 2020/50 y, según explicó uno de sus directores principales -Pedro Linares, de la cátedra BP de la Universidad Pontificia de Comillas-, utiliza la tecnología backcasting que, como aclaró para los no iniciados, no trabaja desde el escenario de partida para deducir las correcciones que habría que implementar para llegar al deseado, sino que lo hace al revés: definido el escenario deseable, analiza los plazos, recursos y la viabilidad de llegar a él desde el que sirve de plataforma original.

El otro director del Estudio es Joaquín Nieto, presidente de honor de la Fundación SustainLabour, sindicalista de peloenpecho y excelente comunicador, propietario ejerciente de esa voz potente y firme con la que se es capaz de seducir al auditorio con cualquier argumento, sea la necesidad de comprar un aparato para pelar verduras o lo imprescindible de aprovechar la energía eólica para abastecer todas nuestras necesidades de elecricidad.

Nos gustaría militar en el grupo de quienes están convencidos de que tienen las claves para movilizar el cambio de las pautas de producción y consumo de nuestra sociedad. Nos encantaría poder tranquilizar nuestras conciencias y, sobre todo, poder llevar a casa suficiente dinero para mantener un tren de vida satisfactorio,  realizando de vez en cuando algunos informes subvencionados, en los que incluiríamos muchas gráficas y un número insuperable de escenarios con previsiones y premisas casi ininteligibles.

Nos parecería, además, como ejercicio de levitación propio de nuestra superior naturaleza, que pudiéramos acogernos, una y otra vez, a la incontrovertible idea central de que el progreso de la humanidad ha sido perverso y de que, purgando hoy solidariamente los pecados de nuestros antepasados, y a pesar de que los españoles no fuimos precisamente los más pecadores de la historia, tengamos que dar ejemplo, a costa de nuestro suicidio colectivo si fuera preciso, de voluntad de redención.

Si todo fuera así, dedicaríamos nuestro empeño a lanzar mensajes salvíficos sobre la necesidad de abandonar tecnologías avanzadas, recuperar los paisajes y ríos contaminados de nuestra feliz infancia, proclamando que la verdad está en adorar el aire y el sol y que lo intuitivo supera al fruto de la reflexión, y que la verdad elaborada trabajosamentte por la Academia ha de subordinarse al dogma revelado al chamán de la tribu por las telúricas voces.

Con vigor renovado, pasaríamos a fuego a nuestras ciudades a las que calificaremos de esperpénticas, denunciaremos el expolio del paisaje que provocó nuestro desarrollismo, y con recursos  cuya disponibilidad nadie cuestionará, crearíamos otras urbanizaciones verticales rodeadas de los campos más veraces, cultivados tal vez por solícitos esclavos que traeríamos de ignotos países. Conscientes de que, además de nosotros, los otros también necesitan comer, afirmaríamos tautológicamente que no faltaría trabajo y bienestar para todos.

No vamos a sacudir, desde luego, el complejo informe, con un manotazo, porque sería injusto con el trabajo desplegado por muchos autores, a los que cabe suponer bien intencionados. Lo analizaremos en otros comentarios.

Nos basta ahora con apuntar que, en el camino de utilizar un buen backcasting y en concordancia con el wishfulthinking de toda soldadura eficiente de profesores universitarios y sindicalistas de colmillo, hubiéramos agradecido más que se nos dijera el camino que va desde Arcadia Feliz hasta nuestra miserable situación actual, en la que se nos caen a pedazos los soportes de la economía del mercado, el rigor universitario, la ética y, sí, también, el mundo sostenible.

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