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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el agua y la economía

El 22 de marzo se celebra el Día Internacional del Agua (1). Es, por tanto, un momento adecuado para reflexionar sobre algunas de las cuestiones que afectan a este líquido que, más allá de los tópicos, ocupa un espacio central en nuestra economía.

La dispar distribución del agua dulce en la superficie terreste es la causa original de la desigualdad en los asentamientos de población, que se concentraron a las orillas de los ríos y lagos. El interés por la costa marítima, por el contrario, fue tardío: del mar venían las naves enemigas y, salvo para la obtención de la pesca, aquella inmensa cantidad de agua que no podía beberse, se mantuvo vista como un obstáculo, una muralla insalvable y hostil, durante muchos siglos.

Hoy, el agua limpia, susceptible de uso inmediato, es escasa. Y no está siempre donde la queremos o necesitamos. El avance científico-sanitario ha puesto de manifiesto que casi toda el agua que se encuentra en la naturaleza debe ser tratada para que podamos beberla sin problemas.

En realidad, no necesitamos mucha agua para vivir. Pero necesitamos cantidades inmensas de agua para la producción agrícola y para sostener las industrias. El agua ha tomado un especial valor como elemento de disfrute, y nuestras sociedades se han acercado masivamente al mar, en especial, allí donde luce el sol más que en otros lugares.

Aunque no necesitamos la misma calidad de agua para todos los usos, apenas si hemos iniciado el análisis de disociar calidad y cantidad.

También deberíamos debatir la cuestión de diferenciar entre el precio y el valor del agua. Desde la concepción voluntarista de que el agua es libre y gratuita, hemos llegado a imponer restricciones a su uso, medidas para recuperarla de la contaminación y, sobre todo, debatimos quién tiene derecho al agua, quién es el dueño del agua y, cuando la vende o entrega a otros, cómo se fija su precio.

Como consecuencia de la evolución respecto a las necesidades del agua, estamos hoy rodeados de guerras por el agua. Todos quieren disponer de ese líquido, que significa riqueza, y reclaman su derecho a gozar de él libremente, o con el menor precio posible. Como es un fluido y puede transportarse con facilidad, se defiende o discute la pertinencia de trasvases, embalses, presas, abducciones, etc.

No es sencillo tomar decisiones al respecto, porque son múltiples los factores que se interfieren y, como en todos los temas en los que hay intereses económicos y sociales, los argumentos se emplean con vehemencia. Se habla de solidaridad en relación con el agua, aunque deberíamos saber que, en este mundo fundamentalmente insolidario, quien defiende, buscando su beneficio, que se debe actuar solidariamente, generalmente está ocultando razones que le perjudicarían.

Estamos a favor de respetar, como principio general, los equilibrios naturales. Si, por razones económicas, sociales o de oportunidad, han de afectarse, debe hacerse desde una perspectiva absolutamente global, en la que los intereses en juego no deben ser juzgados por las partes, sino por el conjunto de la sociedad. Y, desde luego, el precio que ha de pagarse por el agua, ha de cubrir completamente su coste.

Si no fuera así, si algún sector del consumo gozara de precios subvencionados, habría de ser la sociedad, con la legislación correspondiente, la que determinara la cuantía de los apoyos económicos, vigilase su correcto destino y la rentabilidad que se está obteniendo con ellos.

Como no es así, las guerras del agua estánrepletas de la fantasía política del oportunismo, de la deslealtad frente al colectivo, de los más turbios intereses económicos.

Buen día, agua. Cuántas mentiras se dicen en tu nombre. Qué sencillo resulta ensuciar tu esencia, confundiendo derechos y deberes, oponiendo con la misma fuerza, argumentos hechos de verdades y falacias.

(1) El 22 de diciembre de 1992, con la resolución 47/193 , la Asamblea General de las Naciones Unidas, declaró que el Día Mundial del Agua se celebraría el 22 de marzo, a partir de 1993.

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