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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la relación entre Kyoto y Lehman Brothers

Podíamos haber titulado este Comentario como "Sobre la relación entre cambio climático y crisis económica", pero nos pareció demasiado largo. Así que hemos puesto en conexión a uno de los culpables de la revolución financiera que hoy soporta el mundo, -la más importante después de la francesa- con el nombre de la ciudad en donde se firmó el primer proyecto para contención del calentamiento global -el más conocido después del provocado por Enmanuelle, la  joya erótica que aumentó los ingresos por turismo en Perpignan-.

Los sabios que manejan bien todas las simulaciones y triquiñuelas que permiten decir algo con cifras, aunque sea trivial, sobre lo que va a pasar en el futuro, nos habían convencido de que la temperatura de la Tierra estaba subiendo y de que los humanos teníamos algo que ver, por nuestro afán de quemarlo todo, hasta las ilusiones.

Otros sabios (o los mismos, qué más da), nos habían convencido de que el mercado era el medio más eficiente para el reparto de los recursos y que la libre economía de mercado era la base para el desarrollo. Se repartieron algunos Premios Nobel con este paradigma, pero, sobre todo, se enriquecieron muchos poco escrupulosos, utilizando la confianza que transmitía ese aserto a los infelices.

No es cosa de ponernos a discutir ahora si las previsiones de ambos son acertadas, porque el argumento central que adivinamos aportarán en su defensa es que, como las simulaciones apuntan a los largos períodos, las variaciones locales no afectan a la tendencia. Es decir, no importa que llueva a cántaros o nos congelemos de frío, la temperatura sube, porque no hay que confundir tiempo atmosférico y clima. Análogamente, los desajustes ocasionales del mercado -ya sean generadores de paro, miserias, quiebras, fraudes, ruinas- no nos han de impedir creer que nuestro bienestar sigue aumentando de forma sostenida.

Lo que nos resulta ahora curioso es que algunos de los dirigentes mundiales, amparados en la situación de crisis que ha obligado a las administraciones públicas a inyectar a sus sistemas financieros entre el 10 y el 15% de sus pibs, argumenten al paso de este huracán financiero que las medidas para cumplir con el Tratado de Kyoto no podrán cumplirse, ya que los dineros se irán a tapar los agujeros, por lo que el calentamiento global tendrá que esperar, como si fuera una pedigüeña que repiquetea en la puerta.

Como es sabido, las medidas para evitar la predicta catástrofe globlal suponían un 1-2% de los pibs y su oportunidad se apoyaba en el contundente argumento de que, si no hacíamos algo inmediato y efectivo la Humanidad cedería en un par de generaciones el sitio a las bacterias. Por eso, asombra la escasa asimilación que tienen algunos altos mandatarios de sus propios discursos.

Pueden algunos pensar que, si somos más pobres, contaminaremos menos, porque nos veremos obligados a disminuir la producción. No hay tal. Si las barreras de control se bajan, la contaminación ha de subir, porque retornaremos a métodos menos eficientes, tecnológicamente más burdos por ser menos costosos.

Porque nosotros no encontramos la relación directa entre el mundo de los Lehman Brothers y Kyoto. Nos hemos creído lo del calentamento global a pies juntillas, y nos creemos igualmente que hay que controlar con mano de hierro los desmanes del capitalismo avaricioso.

Son dos espacios separados, cuyo único posible punto de coincidencia es que ambos se pasean cogidos de la mano entre  los restos de nuestra incapacidad para poner orden con los que sacan demasiado provecho propio de los que nos pertenece a todos.

 

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