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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre la globalización de la pobreza y sus perversos encantos

Birmania, Líbano, Palestina, Bolivia, Somalia, Colombia, BanglaDesh,...La relación puede extenderse, discutirse en parte, pero la lectura de estos nombres debiera sugerir de inmediato los efectos que provoca la desigual distribución actual de la riqueza en el mundo. Los Organismos Internacionales nos advierten reiteradamente de que el intervalo entre los países pobres y los más ricos, ha crecido. La globalización de las comunicaciones nos permite enterarnos casi en tiempo real de cómo sufren las gentes en esos países.

Hambruna, guerras, corrupción, piratería, ausencia de seguridad jurídica, secuestros, crímenes sin resolver, etc. se reparten con profusión allí donde las rentas per cápita son más bajas. Pero tampoco hay por qué estar orgullosos pretendiendo estar libres para tirar las primeras piedras.

(Hoy, sin ir más lejos, 8 de mayo de 2008, ha trascendido el descubrimiento por la policía judicial de una -¿presunta hay que decir, si todos reconocen ahora que existía?- trama mafiosa en Coslada (Madrid), que afecta de hoz y coz a otra policía (la municipal), contaminada desde la cúpula hasta el rabo).

Crece, pues, todo lo malo. Goza de buena salud, alimentado por la obsesión de algunos por acumular riquezas y goces a despecho de lo que sea, y contemplado desde la insolidaridad, la apatía, la miseria, el egoísmo.

El número global de personas que malviven bajo el umbral que caracteriza la pobreza -no importa consideramos dos dólares diarios per cápita, dos euros o tres libras,- ha crecido. Y el número de niños que padecen malnutrición, o el de muertos por inanición en algunos países en donde dominan dictaduras muy solventes a la hora de enriquecerse con el dinero ajeno. La contaminación global, también.

Se puede contemplar con tranquilidad ese, por los síntomas, imparable, deterioro de la estabilidad. Visto a través de la pantalla del televisor no parece afectarnos. Tiene su encanto, porque se puede creer que no nos afecta a nosotros. Un encanto perverso. No nos afecta, todavía.

 

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