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Al Socaire de El blog de Angel Arias

Sobre el modelo de tránsito hacia la modernidad en ciertos países iberoamericanos

Cuando se analiza lo que está pasando, en tiempo real, en algunos países iberoamericanos, es apetitoso pretender extraer algunas reflexiones e, incluso, ciertas consecuencias.

Bolivia y Venezuela, y, en menor medida, Ecuador, se están viendo confrontados con una situación que, acelerada por sus jefes de Estado, parece encaminar a la población a una tensión de tal tipo que tiene visos de acabar en una guerra civil.

¿Qué se está ventilando en el proceso?. La ruptura con el modelo preexistente, en el que una minoría económicamente poderosa, controlaba los resortes del poder político, sin que le hiciera ascos a involucrarse directamente en la gestión del aparato del Estado, descuidando así la distancia entre los poderes económicos fácticos y los gestores políticos, que es el modelo de salvaguarda de tensiones en las democracias occidentales. Hablamos de lo que debe parecer la mujer del César, porque sobre sus virtudes reales construiríamos otro debate.

Como resultado de la consciencia de mayoría por parte de las clases con menos recursos, se ha llevado al poder político a individuos desconectados del poder económico, con una formación intelectual y una percepción de la realidad económica de sus países y de los resortes que la mueven muy deficiente.

Las promesas electoralistas y populistas de los nuevos dirigentes han calado hondo en la población más inculta y más necesitada. Se presentan y son vistos como redentores, generadores de nuevos elementos de riqueza y fórmulas de distribución de los beneficios de su modelo económico que no seguirán los cauces clásicos y favorecerán a los que antes estaban abajo de la pirámide de rentas.

Es muy fácil decirlo. Resulta imposible cumplirlo. La movilización de las masas, tengan o no componentes indigenistas que contribuyan a dar un carácter nacionalista a esa revolución desde arriba, solo creará desorden social, caos económico y mayor frustación.

Puede resultar decepcionante, pero la única forma de lograr mayor cohesión y justicia social es dando al pueblo cultura, garantizando la seguridad jurídica y la independencia de las instituciones, y promoviendo la colaboración entre las fuerzas económicas, técnicas y trabajadores de las distntas cualificaciones, para que el desarrollo no se detenga y, desde la igualdad de oportunidades, se avance en la consecución de mayor bienestar y satisfacción como objetivo colectivo.

Lo que se ignora desde los visionarios de nueva planta que han aparecido en Iberoamérica es que hay un momento en el que las culturas indígenas -cuya falta de democracia fue, históricamente, evidenciable- han perdido la conexión con el progreso. Y si no queremos volver a las cavernas, tendremos que digerir mejor lo que tenemos.

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